Tumores e infecciones

Tumores de la columna vertebral

Al igual que sucede en otros sistemas del organismo, la columna y sus diferentes estructuras pueden presentar tumores; benignos o malignos.

Los tumores benignos suelen crecer más lentamente, son masas con un tamaño estable que no suelen necesitar tratamiento, a menos que limiten el movimiento, función o generen mucho dolor.

Los tumores malignos suelen ser masas agresivas, dolorosas y de rápido crecimiento; además provoca la aparición de más células neoplásicas en otros órganos como los pulmones, el hígado o huesos, son tumores secundarios que se conocen como “metástasis” y suelen propagarse a través del torrente sanguíneo.

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Los tumores de la columna vertebral son menos frecuentes que en otras localizaciones. Según el tipo de tumor, puede afectar a diferentes grupos de edad. Al igual que otras estructuras óseas, la columna vertebral suele verse más afectada por tumores secundarios, es decir, metástasis. Esto suele suceder en pacientes de edad avanzada, muy raramente en personas de menos de 55-60 años. Los tumores primarios más frecuentes que se expanden a la columna vertebral son el cáncer de mama, pulmón, próstata, tiroides y riñón.

Los tumores de columna vertebral primarios suelen ser muy dolorosos. El tumor primario de columna vertebral diagnosticado con mayor frecuencia es el mieloma múltiple. Suele tratarse de un cáncer de la médula ósea y suele afectar a toda la columna vertebral.

Otros tumores primarios pueden afectar a las estructuras nerviosas de la columna.

El tratamiento de los tumores de la columna vertebral depende del tipo y el alcance del tumor, así como de los síntomas del paciente. Mientras que los tumores benignos y no dolorosos pueden simplemente realizarse un seguimiento y tienen un buen pronóstico, los tumores malignos y secundarios suelen requerir intervención quirúrgica.

La operación puede realizarse desde la parte anterior o posterior de la columna, o ambas. El objetivo principal de la operación es eliminar el tumor, proporcionar más espacio a la médula espinal y estabilizar la columna. Esto puede llevarse a cabo mediante un sistema de tornillos y barras metálicas.

Después de la operación es necesario realizar un seguimiento periódico con su médico.

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